Entre montañas agrestes y dos ríos que aprietan como murallas, Alcoy siempre fue una ciudad difícil. Un lugar donde la naturaleza imponía límites, donde la orografía complicaba la vida y donde el esfuerzo era la única forma de salir adelante. Pero precisamente en esa lucha diaria contra la adversidad, los alcoyanos aprendieron que no bastaba con sobrevivir: había que mirar más lejos, había que construir futuro.

En este escenario nació un hombre que dejó una huella eterna en la arquitectura modernista en Alcoy. Su nombre: Vicente Pascual Pastor, uno de los grandes protagonistas del modernismo alcoyano.

Vicente Juan Pascual Pastor

Nació en Alcoy en 1865, en el seno de una familia de agricultores acomodados. Creció contemplando un paisaje único: las montañas severas fábricas humeantes que dibujaban una ciudad tan dura como hermosa. Esa mezcla de naturaleza e industria marcó su mirada y le hizo soñar con embellecer su tierra natal a través de la arquitectura.

A los 17 años partió hacia Barcelona para estudiar en la Escuela de Arquitectura. Allí, bajo el magisterio de Lluís Domènech i Montaner y compartiendo promoción con figuras como Timoteo Briet (nuestro otro ‘Gaudí‘) o Josep Puig i Cadafalch, descubrió que la arquitectura podía ser mucho más que técnica: podía ser arte, símbolo e identidad. Y ese aprendizaje marcaría toda su obra posterior en Alcoy.

       Lluís Doménech i Montaner, Timoteo Briet (nuestro otro «Gaudí») y Josep Puig i Cadafalch.

En 1892 volvió a Alcoy como arquitecto municipal. Y no se limitó a firmar planos: levantó un auténtico legado modernista que todavía hoy define la imagen de la ciudad. La Casa del Pavo, las Fábricas de Ferrándiz y Carbonell (actual campus de la UPV), la Casa d’Escaló (hoy Conservatorio Joan Cantó), el Monte de Piedad y Caja de Ahorros o el Parque de Bomberos no fueron solo edificios: fueron declaraciones de intenciones.

Gracias a Pascual, Alcoy ya no era una ciudad industrial cualquiera. Era una ciudad que respiraba modernidad y se convertía en un referente del modernismo valenciano.

La Casa del Pavo, Las Fabricas de Ferrándiz i Carbonell, La Casa d’Escaló o el Monte de Piedad-Caja de Ahorros, obras icónicas de Vicente Pascual.

Pero Vicente Pascual no se conformaba con construir fachadas. En 1902 fundó los cursos nocturnos para obreros en la Escuela Industrial y él mismo impartía clases. Cuando cogía la tiza frente a la pizarra, no era un arquitecto de prestigio, sino un maestro humilde que regalaba futuro. Quizá ahí resida la parte más emocionante de su historia: la convicción de que la verdadera arquitectura no eran los edificios, sino las personas.

En 1909 la ciudad lo eligió alcalde de Alcoy. Y él respondió con la misma pasión: impulsó viviendas dignas para los obreros, proyectos como la cúpula del Molinar para garantizar el agua y, desde la presidencia del Círculo Industrial, defendió un Alcoy progresista y emprendedor que no dejaba de crecer.

Su visión era clara: si la ciudad debía ser grande, debía serlo para todos.

                                La Cúpula del Molinar, obra del ingeniero José Abad Carbonell, y las viviendas obreras del Tossal, proyectos impulsados por Vicente Pascual como alcalde de Alcoy.

Su camino fue más allá de Alcoy. En 1923 fue nombrado arquitecto jefe de la Diputación de Alicante, desde donde proyectó más de 30 escuelas en toda la provincia. Allí donde antes solo había polvo y piedras, Pascual levantaba aulas y, con ellas, esperanza y futuro.

Pero la prueba mas difícil llegaría en 1936, con la Guerra Civil, la historia le golpeó con dureza. Sus bienes fueron incautados y estuvo a punto de ser fusilado. Pero entonces ocurrió lo impensable: los obreros a los que él había enseñado a leer y escribir intercedieron por él. El maestro fue salvado por sus propios alumnos. La gratitud venció a la violencia. Finalmente en 1941 Alcoy le dio su último adiós. Pero su legado siguió vivo: los edificios aún en pie, las escuelas aún llenas y su ejemplo aún presente.

Monolito dedicado a Vicente Pascual en el Parque de La Glorieta

Con el paso de las décadas, Alcoy nunca lo olvidó. En 2015 se celebró el Año Vicente Pascual, y en 2017, la primera Semana Modernista de Alcoy lo homenajeó con un monolito en la Glorieta. Porque Pascual no fue solo un arquitecto. Fue un constructor de sueños, un alcalde comprometido, un maestro generoso y, sobre todo, un hombre que amó a su pueblo.

Y es que Alcoy puede presumir de montañas, de fábricas y de historia. Pero su verdadero orgullo son personas como él: aquellos que entendieron que levantar un edificio es fácil, pero levantar un pueblo entero… eso solo lo consiguen los que sueñan en grande.

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