Si hay un personaje que explica por qué estas tierras del interior de Alicante nunca se dejaron domar del todo, ese es al-Azraq. Su nombre todavía resuena entre montañas, barrancos y castillos como un eco incómodo para quienes pensaron que conquistar estas sierras sería fácil. No es exagerado decir que fue la auténtica pesadilla del rey de Aragón, Jaume I el Conquistador, durante la conquista del actual territorio del Reino de Valencia.
Abu Abd Allah Muhammad ibn Hudhayl, más conocido como al-Azraq, es uno de los personajes más fascinantes y enigmáticos de la historia medieval valenciana. Lo es porque, en realidad, no sabemos nada de él hasta el año 1245, cuando aparece por primera vez en la documentación con la firma del Tractat del Pouet, acordado entre el infante Alfonso, hijo de Jaume I, y el propio al-Azraq el 16 de abril de 1245. Todo lo que se diga de su vida antes de esa fecha entra directamente en el terreno de la hipótesis histórica.
Abu Abd Allah Muhammad Ibn Hudhayl, al-Azraq idealizado en un busto en la población de Alcalà de la Jovada.
Tampoco sabemos con certeza si su sobrenombre hacía referencia al color de sus ojos. Al-Azraq significa “el Azul”, pero más allá de eso entramos de nuevo en el ámbito del mito. De su entorno familiar conocemos pocos datos: el nombre de su padre, Ibn Hudhayl, un hermano llamado Basim, un sobrino, Abu Jafar, y un hijo, Abdalá, que murió antes que él. Poco más.
Lo que sí parece claro es que al-Azraq no era originario de Alcalà de la Jovada, conocida entonces como el Lloc de la Jovada, ni tuvo allí su palacio ni su fortaleza principal, pese a lo que ha transmitido la tradición popular. Su auténtico centro de poder fue el castillo de Alcalà, también conocido como castillo de Benissili, donde sabemos con certeza que tuvo su residencia principal. Jaume I lo menciona en su Llibre dels Fets como “Son alberg major”.
El castillo de Alcalà situado cerca de la población de Benissili, la base de operaciones de al-Azraq.
Una de las grandes paradojas de esta historia es que todo lo que sabemos de al-Azraq lo conocemos gracias a su mayor enemigo. Jaume I le dedica hasta 19 capítulos en su crónica, algo excepcional para un adversario. A esto se suman algunos textos árabes y las cartas que el propio rey envió a la cancillería real durante las operaciones militares contra él. No son muchas fuentes, pero sí suficientes para entender que al-Azraq no fue un caudillo cualquiera.
Según algunos historiadores, al-Azraq pertenecía a los círculos de gobierno y debió ocupar un cargo importante, probablemente en la medina de Daniya (Denia). Algunos sostienen que no era norteafricano, sino árabe, ya que el linaje Hudhayl procederia de una tribu de la península arábiga asentada siglos antes en al-Ándalus, concretamente en la medina de Uryula, la actual Orihuela. Otros lo relacionan con ramas menores de los Banū Hūd. Teorías hay muchas; la verdad completa quizá nunca la sepamos.
Denia, donde según los historiadores al-Azraq tendría un importante cargo de gobierno antes de la conquista feudal.
Tras la caída de Xàtiva y Denia en 1244, la toma de Biar a principios de 1245 y con la firma del Tractat d’Almizra el 26 de marzo de 1244, donde Aragón y Castilla se reparten las zonas de conquista, el avance de las tropas aragonesas empieza a ser imparable y al-Azraq se haría fuerte en las escarpadas montañas del interior de Alicante, donde eran fáciles las emboscadas, convirtiendo toda esta zona en uno de los últimos reductos musulmanes autogobernados complicándole, y mucho, la conquista a Jaume I. Tal y como reconoce el rey en su crónica, al-Azraq era el caudillo al que obedecían los musulmanes de la zona.
La Vall de Gallinera, una de las montañas donde al-Azraq se hizo fuerte frente al avance de las tropas de Jaume I.
Ante la imposibilidad de los cristianos de someter la zona mediante la fuerza por la complicación del territorio, en abril de 1245 se firma el Tractat del Pouet entre el propio visir y el infante Alfonso de Aragón (en substitución de su padre, que no sabemos porque, pero no esta presente), un pacto de vasallaje mediante el cual al-Azraq debía entregar en un plazo de tres años las fortalezas de Pop y Tárbena, así como la mitad de las rentas de los territorios de Margarida, Xeroles, Castell de Castells y Gallinera, a cambio de mantener para su propiedad y la de su familia los castillos de Alcalà y Perputxent. Sin embargo, algo se nos escapa, porque en 1247 al-Azraq toma el castillo de Gallinera, que en ese momento se encontraba en manos de Jaume I, pero que según el acuerdo debería estar en poder del visir. Todo indica que, tras el incumplimiento de los acuerdos por parte del monarca cristiano, los mudéjares se sublevaron en 1247 bajo el mando de al-Azraq, dando inicio a la primera revuelta, que se prolongaría durante diez años.
El Tractat del Pouet firmado entre al-Azraq y el infante Alfonso, idealizado en una obra del pintor alcoyano José Borrell.
Durante la revuelta, al-Azraq no solo se limitó a la lucha directa; también hubo periodos de falsa calma donde buscó treguas y maniobras diplomáticas. En varias ocasiones le escribió cartas a la mismísima reina Na Violant d’Hongria, esposa de Jaume I, intentando que ella convenciera al rey, lo que nos demuestra, una vez más, que no era un caudillo cualquiera. Incluso intentó negociar a través del rey Alfonso X de Castilla, yerno de Jaume I, y se ofreció a capturar castillos para el monarca aragonés a favor de Castilla, algo que no sentó nada bien a Jaume I. Su objetivo era lograr una especie de estado autogobernado bajo el protectorado del rey de Castilla, con la intención de resistir la conquista cristiana, algo similar a lo que ocurría en la taifa de Murcia desde 1243.
Pero uno de los episodios más espectaculares de esta revuelta es el Fet de Rugat. Donde al-Azraq consiguio engañar al rey haciéndole creer que se convertiría al cristianismo y que tomaría como esposa a una hija (o sobrina) de Carroç de Rebollet, uno de sus lugartenientes más importantes ¿De verdad alguien pensaba que eso ocurriría? Todo fue una emboscada cuidadosamente planeada para acabar con el rey, quien logró huir malherido, salvando la vida por muy poco. Lo más controvertido de este episodio es que no se sabe con certeza cuándo ocurrió: algunos historiadores lo sitúan antes del Tractat del Pouet (lo que da lugar a que Jaume I no vaya a firmarlo), mientras que otros lo ubican después de la batalla del Benicadell como un ultimo intento por resistir, esta derrota marca el principio del fin del levantamiento de al-Azraq.
El castillo de Rugat cerca de la población de Aielo de Rugat, en cuyas cercanías tuvieron lugar el Fet de Rugat.
Finalmente a mediados de 1258 Jaume I, convoca a la hueste en Cocentaina y emprende el camino para derrotar por fin a al-Azraq. En pocos días cae Planes y en unas semanas toda la Vall de Gallinera. El 7 de junio de 1258 cae el castillo de Alcalá y con el al-Azraq se rinde y capitula, siendo expulsado de sus dominios para (en teoría) jamás volver. Hacia donde iría no sabemos nada, su destino sigue siendo un autentico misterio: las lenguas populares lo sitúa en Granada, acogido por la corte de Muhammad I al-Ahmar, mientras que otras teorías apuntan al Magreb, bajo el dominio de los benimerines.
Aunque no se sabe nada al respecto, Granada es una de los lugares donde podía haber ido al-Azraq.
Sofocada esta primera revuelta, el afán de Jaume I por consolidar el territorio llegó incluso a plantear la expulsión de los musulmanes, una medida que no se llevó a cabo por la oposición de la nobleza, pero el maltrato y los excesos a los que se sometía a la población musulmana provocó un nuevo levantamiento de las aljamas en 1276. Aquí es donde según nos explica el Llibre dels Fets, dieciocho años después de su marcha, con alrededor de 70 años de edad, al-Azraq reaparece a la cabeza de un ejercito de unos 250 jinetes zenatas para apoyar una nueva revuelta.
Según las crónicas entre el 5 o 6 de mayo de 1276 ataca la villa de Alcoy, donde pierde la vida. La tradición atribuye su muerte a la intervención milagrosa de Sant Jordi, dando origen a las fiestas de Moros y Cristianos de Alcoi, aunque las fuentes históricas indican que, tras su muerte, los musulmanes huyeron en falsa descampada corriendo los cristianos tras ellos hasta la zona conocida como La Canal. Al llegar al estrecho conocido como el Barranc de Nosset les esperaba una emboscada terrible a la que prácticamente ningún cristiano sobrevivió y los pocos que si lo lograron fueron hechos prisioneros, a partir de ese momento ese lugar se empezó a denominar el Barranc de la Batalla.
Las fiestas de moros y cristianos de Alcoy tienen su origen en los hechos de 1276.
Jaume I moriría en julio de 1276 en Valencia, curiosamente el mismo año que su enemigo al-Azraq, pero la revuelta continuó hasta 1277, cuando los musulmanes fueron finalmente derrotados por las tropas comandadas por su hijo el rey Pedro III, siendo la ultima gran revuelta mudéjar de la historia del Reino de Valencia, a pesar de las posteriores incursiones o razias musulmanas, como la de 1304.
En 2026 se cumplen 750 años del patronazgo de Sant Jordi en Alcoi, año jubilar, y también 750 años de la muerte de al-Azraq. Con motivo de esta efeméride, Caragol Tours, en colaboración con la Comisión Cultural del año al-Azraq, ha preparado una serie de visitas guiadas a castillos, paisajes y poblaciones del interior de Alicante para recordar al visir que resistió hasta su último aliento a Jaume I.

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