En nuestras montañas hubo un tiempo en que moverse de un pueblo a otro no era precisamente un paseo tranquilo. Barrancos, caminos de herradura, masías aisladas y sierras que parecían no tener fin dibujaban un territorio donde la geografía también marcaba las reglas. Y en ese escenario, el bandolerismo en la Comunidad Valenciana formó parte de la vida cotidiana de muchas comarcas valencianas durante el siglo XIX, especialmente en zonas como el Comtat, l’Alcoià o la Marina. Uno de los episodios más impactantes de la historia del Comtat ocurrió en el corazón de este territorio: el Robatori de Benimassot de 1874.
Paisaje del interior de Alicante, territorio donde se desarrolló el bandolerismo en el siglo XIX.
Aquel 22 de febrero, una partida de unos 30 o 35 hombres armados —las cifras varían según las fuentes, algo habitual en este tipo de hechos documentados en la historiografía del bandolerismo valenciano—, liderados por Josep de la Tona, uno de los roders valencianos más conocidos de la zona, asaltaron el pueblo aprovechando la misa dominical de primera hora. Y ojo, que esto no fue un golpe improvisado. Hubo planificación, conocimiento del terreno y una organización sorprendente para la época. El grupo controló los accesos, aisló a la población y consiguió encerrar a gran parte de los vecinos en la iglesia. A partir de ahí, fueron seleccionando a las familias más adineradas y obligándolas, una por una, a acompañarlos hasta sus casas para entregar dinero y objetos de valor. Todo ello sin grandes episodios de violencia registrados, pero con una estructura que convierte este episodio en uno de los más conocidos del bandolerismo en la Comunidad Valenciana del siglo XIX.
Iglesia de la Purisima, escenario del Robatori de Benimassot de 1874.
Al terminar, la partida abandonaron Benimassot con el botín y se adentraron en el Barranc de Malafí, una de las rutas naturales de escape más utilizadas por los grupos de roders valencianos en este tipo de asaltos, gracias a su compleja orografía y su difícil control. Allí, según recogen tanto las tradiciones orales como los relatos populares del territorio, realizaron el reparto del dinero y las piezas de valor. Las voces del entorno incluso sitúan en ese espacio, en un punto conocido como el Cantal del Lladre, posibles tensiones y disputas internas durante el reparto, algo habitual en muchas partidas de bandolerismo en la Comunidad Valenciana, donde el botín marcaba jerarquías y equilibrios dentro del grupo.
¿Sabías que…?
Según la tradición popular, todavía hoy hay vecinos que hablan del hallazgo ocasional de antiguas monedas en el entorno del Barranc de Malafí, vinculadas al reparto del botín del Robatori de Benimassot de 1874.
Con el paso del tiempo, la memoria popular ha reforzado aún más el imaginario del lugar. Algunos relatos hablan incluso del hallazgo ocasional de monedas en el entorno del barranco, restos dispersos vinculados a aquel episodio del siglo XIX. Como ocurre con muchas historias de bandoleros en el interior de Alicante, el paisaje ha ido acumulando capas de memoria, donde lo documentado y lo transmitido oralmente se mezclan con el paso de los años.
El Barranc de Malafí, uno de los paisajes más ligado a las historias de roders y bandoleros del interior de Alicante.
Para entender cómo es posible algo así hay que entrar en contexto. Apenas un año antes se había proclamado la Primera República Española, un intento breve y muy inestable de reorganizar el país tras la caída de la monarquía. España vivía uno de los momentos más tensos del siglo XIX, con guerras abiertas como la Tercera Guerra Carlista, crisis política constante, cambios de gobierno continuos y una sensación general de incertidumbre. El hambre, la inseguridad y la inestabilidad formaban parte del día a día en muchas zonas rurales del interior de Alicante. El Estado tenía un control muy limitado en amplias áreas del interior. La autoridad cambiaba con frecuencia, la presencia institucional era débil y en muchos territorios de montaña la sensación era clara: la ley llegaba tarde… o directamente no llegaba. Este vacío de poder, en zonas clave del interior de Alicante, favoreció la aparición de fenómenos como el bandolerismo o los roders valencianos, grupos armados que se movían al margen de la ley.
Alcoi en el siglo XIX durante la Primera República Española, un periodo de inestabilidad política y conflictos.
Pero al loro, porque es importante no quedarse con la imagen romántica que a veces ha llegado hasta hoy. Los roders no eran héroes de leyenda ni figuras idealizadas. Eran hombres que vivían fuera del sistema en un contexto de pobreza, guerras y falta de oportunidades. Su origen era muy diverso: desertores de conflictos, huidos de la justicia, jornaleros empujados por la miseria o antiguos combatientes que no lograron reintegrarse en la vida civil. Se movían en pequeñas partidas armadas que conocían el territorio como la palma de su mano: barrancos, sendas escondidas, masías aisladas y pasos de montaña. Y eso, en la historia del Comtat y l’Alcoià, era una ventaja decisiva. También es cierto que algunos de estos grupos funcionaban dentro de redes informales de apoyo, con informadores o contactos locales. No eran estructuras organizadas modernas, pero sí un fenómeno complejo dentro del contexto del siglo XIX en la Comunidad Valenciana.
Roders en el interior valenciano: grupos armados que se movían por barrancos y caminos de montaña en el siglo XIX.
En nuestro territorio este fenómeno dejó una huella profunda y numerosos nombres ligados a la memoria popular del bandolerismo valenciano. En l’Alcoià y el Comtat destacan los Germans Seguí de Gaianes, considerados entre los roders más importantes del siglo XIX, junto a figuras como el Surdo de Beniarrés o Remigi Català Ponç de Margarida, activos en los valles del interior. En la Vall d’Albaida aparecen nombres como Batiste el Marcat de Alfarrasí, Camot de Xàtiva o Micalet Mas de la Llosa de Ranes, todos ellos vinculados a caminos inseguros y economía rural frágil. En la Marina Alta y Baixa el fenómeno también fue muy relevante, con figuras como Josep de la Tona de Pedreguer (protagonista del propio Robatori de Benimassot), Pinet de Tàrbena o bandas como Els Ganyans de Pego y Mixana de Castell de Castells, que dominaban pasos estratégicos entre comarcas. Y en este imaginario destaca también Jaume el Barbut, una de las figuras más legendarias del bandolerismo valenciano, situado entre la historia y el mito.
Figuras como Josep de la Tona forman parte del imaginario del bandolerismo valenciano, entre la historia documentada y la tradición popular.
¿Quién fue Josep de la Tona?
Josep de la Tona, natural de Pedreguer, fue uno de los roders más conocidos del interior valenciano durante el siglo XIX. Su nombre aparece ligado a numerosos episodios de bandolerismo entre la Marina, el Comtat y l’Alcoià, en un tiempo marcado por la inestabilidad política, la pobreza rural y la debilidad del Estado en muchas zonas de montaña.
Como otros bandoleros valencianos de su época, su figura quedó atrapada entre la realidad documentada y la leyenda popular, convirtiéndose con el paso del tiempo en parte del imaginario histórico del interior de Alicante.
Todos ellos protagonizaron asaltos y episodios que se extendieron por los caminos comerciales del interior valenciano, mostrando hasta qué punto este fenómeno fue común en gran parte del territorio. Pero más allá de los nombres o de las historias concretas, lo importante es entender el contexto: un territorio duro, de montaña, donde la inestabilidad política, la pobreza y la debilidad del Estado crearon las condiciones perfectas para que episodios como el de Benimassot fueran posibles dentro de su tiempo. Y es ese contexto el que explica una paradoja muy humana: en un momento de hambre, inseguridad y penurias, vivir al margen de la ley hizo que muchos de estos roders fueran recordados no solo como bandoleros, sino también como héroes populares en la memoria colectiva. La frontera entre la necesidad, la rebeldía y la ley nunca fue del todo clara.
Rutas de Caragol Tours en el interior de Alicante donde estas historias se explican directamente sobre el territorio.
Al final, historias como la del Robatori de Benimassot o la de tantos roders que marcaron estas montañas son clave para entender la historia del interior de Alicante, el Comtat y l’Alcoià: una tierra dura, compleja y profundamente marcada por su geografía. Y es precisamente este tipo de relatos, nacidos entre caminos, pueblos y sierras de Alcoi y su entorno, los que forman parte de lo que hago en Caragol Tours, con visitas guiadas en Alcoi y la comarca, donde explico la historia directamente en el territorio. Porque no es lo mismo leer sobre el bandolerismo del Comtat o de l’Alcoià que pisar esos caminos, mirar el paisaje y entender qué papel jugaba cada barranco, cada paso y cada pueblo.
Si algo tienen estas historias de roders, de asaltos como el de Benimassot y de caminos donde la ley no siempre llegaba, es que solo cobran sentido cuando las pisas. Cuando las entiendes en su propio escenario. Y eso es exactamente lo que intento hacer en cada ruta: que la historia deje de ser un texto… y se convierta en territorio.
Si quieres descubrirlo de verdad, te espero en alguna de las rutas de Caragol Tours por Alcoi y la comarca.
¿Qué no? Pues tú te lo pierdes.
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