Alcoy no sería Alcoy sin sus desniveles imposibles. Nuestra ciudad, asentada sobre barrancos desde su fundación en 1256, ha tenido que luchar siempre contra su propia orografía. Un terreno duro, retador y, al mismo tiempo, espectacular, que nos ha regalado un paisaje urbano único.
Nos llaman la Ciudad de los Puentes (tenemos más de cuarenta, superando al mismísimo Manhattan), pero si vives aquí o vienes de visita, lo sabes bien: tan protagonistas como los puentes son las cuestas de Alcoy. Y entre todas ellas, hay una que esconde una historia fascinante donde se mezclan el conflicto bélico y el ingenio popular: la Costera del Gurugú.
A principios del siglo XX, la industria textil y papelera hacían que Alcoy creciera sin freno. El casco urbano se quedaba pequeño y la ciudad necesitaba expandirse hacia la zona del Barranc de Na Lloba. Fue entonces cuando se trazaron nuevas calles para conectar el centro con estos barrios emergentes. Pero, ¿de dónde vino el nombre de «Gurugú»?
Costera del Gurugú vista desde abajo
Lo que nadie imaginaba es que, unos años después, aquella cuesta recibiría un nombre que venía de muy lejos… nada mas y nada menos que desde el norte de África. Y es que a principios del siglo XX, España controlaba Melilla y parte del Rif marroquí, pero el dominio sobre el territorio era frágil. El Monte Gurugú, una elevación estratégica, dominaba la ciudad y sus accesos. Desde allí, las cábilas rifeñas lanzaban ataques constantes contra las posiciones españolas. En 1909, las obras de un ferrocarril minero al puerto de Melilla encendieron el conflicto, y lo que comenzó como un proyecto económico acabó convirtiéndose en una guerra.
Monte Gurugú (892m) en las cercanías de Melilla pero dentro de territorio marroquí.
El 27 de julio de 1909, en el conocido como Barranco del Lobo, a las faldas del Gurugú, las tropas españolas sufrieron una emboscada devastadora. Más de 150 soldados murieron (la mayoría de ellos reservista que no contaban ni con veinte años y apenas tuvieron formación militar) y centenares resultaron heridos. Fue uno de los desastres militares más recordados del siglo XX y un golpe moral que provocó una crisis social y política en toda España, encendiendo la Semana Trágica de Barcelona.
Barranco del Lobo en las faldas del Monte Gurugú, lugar donde tuvo lugar la batalla.
l nombre «Gurugú» no llegó a España por los libros de historia, sino por las cartas y los relatos de quienes volvieron. Muchos de los soldados que sobrevivieron a las campañas africanas regresaron a sus pueblos natales con una verdad grabada en la memoria: el Monte Gurugú era el mismísimo infierno. Aquella vivencia transformó el topónimo. En el lenguaje popular de la época, «Gurugú» pasó a ser sinónimo de cualquier lugar o situación que fuera empinada, inaccesible, calurosa, hostil o simplemente durísima de superar.
Cuando los alcoyanos vieron aquella nueva calle con una pendiente demoledora, la conexión fue inmediata. No fue un nombre elegido en un despacho, sino un apodo nacido del trauma y la ironía popular. Llamarla «Costera del Gurugú» era la forma que tenía la ciudad de bautizar aquel esfuerzo cotidiano, recordando a quienes nunca volvieron y marcando el terreno como un desafío que solo los más fuertes lograban conquistar.
Placa actual de la calle
Lo más sorprendente es que esta costumbre de bautizar lugares como «Gurugú» no fue un caso aislado de Alcoy, sino un eco colectivo que se extendió por toda la geografía española como una auténtica cicatriz en el callejero.
Es un fenómeno fascinante: allá donde regresaban los soldados, el nombre arraigaba. En Sevilla, por ejemplo, el término bautizó el monte artificial y ajardinado del Parque de María Luisa, mientras que en Badajoz se convirtió en el nombre histórico de toda una barriada surgida al calor de aquellos años. Esta huella es especialmente profunda en la Comunidad Valenciana, donde el topónimo brota en pueblos de Castellón como Benassal o Cinctorres o el mismo Castellón de la Plana donde hay una ermita y una playa con dicho nombre, y en Alicante, en lugares de cerca de Alcoy como Xixona, Castalla o Finestrat. Incluso en las Islas Canarias, el nombre saltó a las elevaciones rocosas de Gran Canaria, en municipios como Santa Brígida o San Bartolomé de Tirajana. De norte a sur, desde el cerro de Alcalá de Henares en Madrid hasta parajes en Guadalajara o Tarragona, cada «Gurugú» es una pieza de un mismo rompecabezas: la memoria viva de una generación que vio en esas cuestas y alturas el reflejo de una guerra que jamás pudieron olvidar.
El Cerro del Gurugú en Alcalá de Henares: uno de los muchos puntos de la geografía española que adoptaron este nombre como recuerdo vivo de la historia militar del Rif.
Hoy, la Costera del Gurugú no es solo un tramo de calle: es un pedazo de nuestra memoria popular, un ejemplo de cómo la historia de Alcoy y la historia de España se entrelazan. Una batalla en Marruecos, una cuesta alcoyana y el ingenio de nuestra gente… todo unido en un mismo nombre.
Historias como esta no se aprenden en un libro cualquiera. Se viven cuando paseas por las calles, escuchas sus anécdotas y dejas que un guía que ama su ciudad te las cuente con pasión. En Caragol Tours mezclamos historia, curiosidades de Alcoy y buen humor para que descubras la auténtica esencia de la ciudad.

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